Adiós, adiós Gran Colombia



El 15 de julio de 1826 dejaba de sesionar el Congreso Anfictiónico de Panamá, gran sueño de Simón Bolívar, para llevar a cabo la unión americana. Asistieron los entonces recién formados estados de Bolivia, Perú, Colombia, México y las Provincias Unidas del Centro de América, faltando a la cita los representantes de Chile, Paraguay y Las Provincias Unidas del Río de la Plata. Este congreso se planteó fundar una Asamblea de Plenipotenciarios que intervendría sobre los temas de interés común y en las decisiones públicas fundamentales e, incluso, formar un ejército común para hacer frente a las potencias extranjeras que se levantaban del otro lado del océano bajo las banderas de la Santa Alianza.

Esta reunión de las antiguas colonias españolas fue mirada de reojo por las elites de las grandes ciudades, quienes se sentían mucho mas cómodas en sus feudos, y por Estados Unidos e Inglaterra, agentes del incipiente capitalismo mundial.

Desde siempre, la división territorial de las colonias españolas fue tema central en la política americana. Los Libertadores como San Martín, Bolívar y Artigas siempre plantearon la necesidad de estrechar los lazos entre los otrora virreinatos para fortalecerse mutuamente, dado que todos compartían un origen, una lengua, una religión y una cultura común. A esto se contraponían los intereses de las clases dominantes, siempre reacias a delegar el poder y acostumbradas a soterrar el bien común en pos del enriquecimiento propio. Ni bien se aflojaron los lazos que mantenían unidas a las colonias con la metrópoli, los recelos y las rencillas empezaron a atizar el carácter americano en los cuatro puntos cardinales. Rápidamente, se escindió el Paraguay del antiguo virreinato rioplatense, que iba del Desaguadero y el Matto Grosso a la Patagónia y desde los Andes al Atlántico, no por lealtad a la corona sino por proteger su comercio y forma de vida de los rapaces representantes del libre comercio que subían por el Paraná. Sin más trámite, se aprobó la independencia del Alto Perú, heroica porción del territorio argentino cuyas guerrillas habían levantado durante quince años la misma bandera que los ejércitos de San Martín. Luego, la diplomacia británica, junto con la ambición imperial brasileña y el egoísmo de los rivadavianos, lograron encajar la República Oriental del Uruguay en la otra orilla del Río de la Plata, para que ya no fuera uno solo el estado que pudiera decidir si abrir o cerrar el amplio mar dulce.

Las Provincias Unidas del Centro de América dejaron de existir al poco tiempo de concluir el Congreso formando los estados de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Poco tiempo más tarde, la Gran Colombia de Bolívar se rompería en pedazos que se llamarían Ecuador, Colombia y Venezuela y existirían varios estados más en América si se hubieran afianzado las secesiones de Rio Grande do Sul y Buenos Aires. Por último, la presión de Estados Unidos por construir un paso interoceánico en el istmo, al que Colombia ponía demasiadas trabas, dio por resultado la creación de Panamá.

Así quedaba configurado el mapa actual de América Latina: un rosario de países más o menos cohesionados por la lengua y la cultura, pero convenientemente demarcados después de guerras fraticidas incitadas y financiadas desde afuera, enarbolando el viejo principio de “divide y reinarás". Aun hoy los intentos americanos por establecer una comunidad son resistidos por los mismos actores y por sus sicarios infiltrados en los gobiernos y las empresas que ven un peligro en el estrechamiento de los lazos y en la fuerza devenida de la unión. Aun hoy se fomentan las diferencias regionales dentro mismo de las naciones: el sur industrial del Brasil no se ve reflejado en el norte pobre de los ingenios azucareros, la costa de Ecuador se aleja cada vez más de la sierra, el norte de México reniega del sur y Santa Cruz de la Sierra mira por sobre el hombro al altiplano boliviano.

En los últimos años se comenzaron a gestar proyectos de comunidad, aunque no logren traspasar el límite de la unión aduanera y persistan las asimetrías irreconciliables entre los socios. El MERCOSUR navega entre tormentas desde su creación y no termina de imponerse como punta de lanza opositora al ALCA; la Comunidad Andina no logra fortalecerse y los estados celebran por separado tratados de libre comercio con el norte hiperindustrializado.

Bolívar y San Martín soñaron una América libre y unida, creyendo que en esta última condición reside la fuerza de una cultura y una naturaleza que, quizás, sean las mas ricas y exuberantes de la humanidad. En nosotros está atar cabos en lugar de soltarlos.

jueves, 5 de julio de 2007

One response to Adiós, adiós Gran Colombia

  1. raulfusch says:

    estos articulos son pequeños pasos para una mejor comprension de la historia. Vale la pena difundirlos.

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