lunes 9 de mayo de 2011

Revolución de Abril de 1965. Quisqueya da pelea.

El asesinato del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo abrió la posibilidad para que el pueblo de la República Dominicana eligiera luego de tres décadas de dictadura a sus propios representantes.
En las elecciones generales de 1962 fue elegido Juan Bosch, del Partido Revolucionario Dominicano. Inmediatamente inició una serie de reformas que se verían reflejadas en la nueva constitución, promulgada ese mismo año y donde se garantizaban derechos civiles fundamentales, derechos laborales, derechos a las mujeres embarazadas, las personas sin hogar, la familia, los derechos del niño y los jóvenes, los agricultores (iniciando una reforma agraria) y los hijos ilegítimos.
Pronto, sectores beneficiados durante el trujillato, una parte de las fuerzas armadas y la iglesia católica comenzaron a ver una amenaza en el gobierno del PRD. El 25 de septiembre de 1963, un golpe militar derrocó a Bosch y lo obligó a exiliarse en Puerto Rico. Fue derogada la constitución de 1962 y el control estatal quedó en manos de un triunvirato.
El 24 de abril de 1965, un grupo de partidarios peerredistas y jóvenes oficiales del ejército se levantaron en contra de los golpistas con el fin de restablecer la constitución, por lo que se hicieron llamar, "Constitucionalistas". El día 25, el pueblo de Santo Domingo salió a las calles a brindar su apoyo y a participar activamente en la toma del Palacio Nacional.
El mismo día, un sector del ejército al mando del general Elías Wesin y Wesin se denominan "legalistas" y enfrentan a los constitucionalistas, bombardeando sus posiciones.
La ciudad quedó dividida en dos. La margen oriental del rio Ozama y la ciudad vieja quedaron en manos de los "legalistas" y la margen occidental en manos de los constitucionalistas.
Quien había sido nombrado presidente provisional de la república, Rafael Molina Ureña, abandona su cargo y se refugia en la embajada de Colombia. El Congreso de representantes reunido nombra entonces a Caamaño Deño como presidente provisional de la República Dominicana.
Se busca la mediación de Estados Unidos, pero la respuesta del embajador a los rebeldes es que no es momento de negociar sino de rendirse. El coronel Alberto Caamaño Deño se detiene y le dice "permítame decirle que seguiremos luchando pase lo que pase". 
Caamaño convoca al pueblo a que se dirija al puente Duarte "con armas, con palos, con piedras, con las manos" donde los legalistas intentaban cruzar el rio Ozama. Son ametrallados y bombardeados, pereciendo muchos. Las tropas de Wesin son atacadas con bombas molotov, alguna artillería y fusiles. Finalmente, los atacantes retroceden. La victoria era posible.
Los constitucionalistas toman la fortaleza Ozama, depósito de los cascos blancos, haciéndose así de numerosas armas que se suman a las conseguidas en los asaltos a los puestos policiales.
El gobierno de los Estados Unidos, con el pretexto de proteger vidas y bienes de ese país, envía 42.000 hombres a la isla e instala un gobierno de reconstrucción nacional al mando del general Imbert Barrera.
Caamaño exclama que, de no ser por la intervención norteamericana, la guerra hubiera ya acabado con un triunfo de la constitución. Se planea un ataque a la fortaleza de San Francisco e incluso hubieron planes de atacar San Isidro, base de operaciones de los leales.
Se establece un corredor que separa en dos a los constitucionalistas que son atacadas por la fuerza aerea y la marina leales y por los estadounidenses.
Las fuerzas constitucionalistas están compuestas mayoritariamente por civiles armados, organizados en "comandos" que se forman en cada barrio, con un comandante y un subcomandante como toda oficialidad y que responden directamente ante Caamaño. Muchos están desarmados y van obteniendo fusiles a medida que logran obtenerlos de compañeros o enemigos caídos. Mientras tanto, eran entrenados en tácticas guerrilleras en alguna de las academias formadas por el comando central y recibían adoctrinamiento político.
También se les alimentaba y vestía, tarea que compartía todo el pueblo.  Todo eso sin tocar uno solo de los bienes particulares que quedaron en la zona controlada por los rebeldes. Los "colmados", tiendas y bancos fueron custodiados para evitar que fueran robados y se impuesieron severas penas a los trangresores.
La excusa de Estados Unidos para invadir por segunda vez al país (lo había ocupado desde 1916 a 1924) era que no podía permitir el establecimiento de otra Cuba en América Latina y se ocupó de distribuir listas de nombres de infiltrados comunistas entre la opinión pública mundial. Por supuesto, había comunistas en las filas de Caamaño, pero no era en pro del establecimiento de un gobierno de izquierda que se habían alzado y resistían, sino, y esto constituye su mayor mérito y su dignidad, para que se cumpla la constitución, para que retorne la democracia y el pleno uso de las libertades civiles.
La OEA, convocada de urgencia por Estados Unidos, resuelve el envío de una fuerza de paz encabezada por Brasil. En lugar de mediar entre ambos bandos se ocuparon de atacar la zona rebelde.
El 19 de mayo, los constitucionalistas intentan tomar el palacio nacional, pero son repelidos por francotiradores estadounidenses. Mueren muchos de los mejores hombres de Caamaño, pero esto no doblega la voluntad de resistir.
A un mes del alzamiento, 4500 civiles habían perdido la vida.
El 15 y 16 de junio, tropas de Estados Unidos inician un ataque general sobre los rebeldes que resisten la embestida. Una vez más, son los civiles los que llevan la peor parte.
Según las memorias del coronel  Roberto Cubas Barboza, enviado por el ejército paraguayo a la misión de paz, las fuerzas consitucionalistas se conformaban de la siguiente manera:
"La casi totalidad de los casi 5 ó 6 mil hombres son irregulares, algunos con uniformes y cascos amarillos, y un elevado porcentaje de muchachos de 14 a 16 años, armados con metralletas y rifles 22 con mira telescópica. No cuentan con artillería y un solo tanque mediano francés con cañón de 105 mm. varios Jeep, unos 20 con ametralladoras 50 y 30. Algunas antiaéreas que funcionan cuando los helicópteros de observación se acercan”.
Las delimitaciones geográficas no se mueven, aunque la revolución no se extiende al interior del país excepto por algunas manifestaciones y unos pocos combates. Sin embargo, muchos combatientes de las provincias se unieron a la revolución llegando a Santo Domingo.
La determinación de los constitucionalistas a resistir obliga a entrar en negociaciones a las partes. El 30 de agosto se firma el Acta Institucional, con lo que se da por finalizada la guerra y se llama a elecciones para el año siguiente.
El 3 de septiembre, ante una multitud, Caamaño entrega el poder, dando una acalorado discurso en el que dijo:
"Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos. Nunca tal vez en la vida de los dominicanos se había luchado con tanta tenacidad contra un enemigo tan superior en número y en armas. Luchamos, sí, con bravura de leyenda, porque íbamos desbrozando con la razón el camino de la Historia. Ante el pueblo dominicano, ante sus dignos representantes que aquí encarnan el Honorable Congreso Nacional, renuncio como Presidente Constitucional de la República. Dios quiera y el pueblo pueda lograrlo, que esta sea la última vez en nuestra historia que un Gobierno legítimo tenga que abandonar el poder bajo la presión de fuerzas nacionales o extranjeras. Y tengo fe en que así será"
Las tropas de ocupación permanecieron en Santo Domingo. En un acto en memoria de las vítimas de la guerra en el Hotel Matum de Santiago, fueron atacados durante 5 horas Caamaño y sus hombres, resultando muerto Juan María Lora Fernández, de destacada actuación durante la revolución.
Caamaño es enviado a Londres como agregado militar de la embajada y desde allí ve como Joaquín Belaguer gana las elecciones de 1966. Los rumores de fraude son muy fuertes y se afirma que la presencia de las fuerzas de ocupación han influído decisivamente en el resultado de la eleccióin.
También, durante el gobierno de Belaguer, muchos ex constitucionalistas fueron asesinados, arrestados y exiliados, en una persecución digna de la época trujillista.














Años después, en 1973, Francisco Caamaño desembarcó en la playa caracoles para iniciar una guerrilla de liberación nacional al estilo cubano, pero cayó prisionero y fue asesinado junto con sus hombres.

martes 2 de noviembre de 2010

El adiós a Nestor Kirchner.

Puedo decir, como muchos, como todos, casi, que me sorprendió la noticia. Pero aun mas me sorprendió la respuesta de miles de ciudadanos que se volcaron a la calle a expresar su dolor por la pérdida de un político y el apoyo a su mujer, como mujer que ha perdido a su compañero, y como presidenta que ha perdido un apoyo importante. Durante horas, vimos por televisión el incesante desfile frente al féretro y frente a la estoica mujer que permanecía a su lado. Personas del pueblo, humildes, trabajadores, jubilados y, sobre todo, jóvenes que han encontrado que la política también existe, que la militancia no se acabó en los 70´ y que el "no te metas" impuesto por la retórica pedagógica del miedo ha pasado de moda.
Es innecesario enumerar los logros de la gestión de Nestor Kircher. Ya otros se han ocupado de esto. También es innecesario reparar en sus errores, hay quien se ocupa profesionalmente de esto. Intento reflexionar sobre el proceso histórico abierto en 2003 con la elección del ex gobernador de Santa Cruz.
La asunción presidencial de Nestor Kirchner el 25 de mayo de 2003 fue como una tregua, una revancha de la democracia frente a tanto dolor y tanta rabia después de atravesar la tormenta de diciembre de 2001. Desde aquí, sin partido, sin aliados, sin legisladores ni gobernadores ni intendentes adictos, sin sindicatos que lo apoyen ni bases que lo sustenten, el presidente fue gestando un gobierno distinto. La búsqueda de la verdad histórica y la reparación de los crímenes cometidos en el pasado se hicieron su norte. La integración latinoamericana también fue política de estado, dando un giro de ciento ochenta grados con respecto a las "relaciones carnales" de los 90 con Estados Unidos. 

Néstor Kirchner puso al estado por sobre la empresa. El Estado transformado en protector de sus ciudadanos, en guardián de los intereses de la mayoría, en redistribuidor de la riqueza del país, en tutor de los intereses de las minorías, en administrador de los bienes del estado, en proveedor de seguridad social y, sobre todo, en motor de los cambios. A su estilo debemos un bien enorme y pocas veces valorado: la restauración del debate político y la vuelta de la juventud a la política. No faltan los idiotas que, muertos de miedo, comparan a estos jóvenes que lloraron al desaparecido primer mandatario con las juventudes hitlerianas. No faltan los que ven un Apocalipsis en el resurgimiento del sindicalismo, ni los que ahora afilan las garras esperando dar el zarpazo sobre quien creen debilitado y abatido. No faltan los que quieren volver a convertir el congreso en el lobby de un hotel y que piden “bajar el nivel de confrontación” para retomar “la agenda de recuperación insitucional” (publicado en página/12 el 2/11/10).


El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner es la continuidad del proyecto de Néstor. Sus lineamientos se pueden distinguir claramente, como así también es notable la impronta de la presidenta, que ya está de nuevo al frente del gobierno, que no va a claudicar ni a mudar de principios.


Néstor Kirchner no lo hubiera permitido. El, que dijo que no iba a dejar sus ideas en la puerta de la Casa Rosada, él, que pidió perdón por los años y los crímenes de la dictadura, él, que domó las fieras y calmó tormentas, no lo hubiera permitido.


Nos tocarán tiempos difíciles, seguro, a quienes reconocemos este modelo mejor que otros que hemos visto andar y caer. Veremos mucha rapiña y oportunismo. Oiremos que exigen, que claman, que piden. De nosotros depende saber distinguir y saber elegir cuando llegue el momento. De nosotros depende hacer oídos sordos a las calumnias y a la depredación verbal, pública y mediática que vamos a ver.


Bueno es reconocerlo.


Ladran, Sancho…señal que cabalgamos.

miércoles 13 de octubre de 2010

Las montoneras en América Latina. Pueblo de armas tomar.


En la historiografía latinoamericana, se entiende por montonera al grupo de hombres armados, generalmente sin instrucción militar y de extracción popular que combatieron en las guerras de independencia y en los diversos procesos de organización nacional que sucedieron a aquel período.
Las montoneras eran formadas, usualmente, en el ámbito rural, reuniendo partidas de hombres bien montados, armados de lanza, sable, boleadoras y algunas armas de fuego. Muy diestros en el uso de la caballería y conocedores del terreno en el que operaban, mandados por jefes de gran ascendiente y carisma, tuvieron suceso diverso durante las guerras de independencia americanas y protagonizaron no pocas hazañas.
Tal es el caso de las montoneras de Martín Miguel de Güemes, que defendieron la frontera norte contra las incursiones de los ejércitos de línea realistas, obligándolos en repetidas ocasiones a abandonar el terreno que invadían con severas pérdidas.
Contra el mismo enemigo lucharon los caudillos de las llamadas “republiquetas” altoperuanas durante quince años. Nombres como Padilla, Warnes, Camargo, Arenales, Muñecas, Azurduy, Uriondo o Lanza han quedado como paradigmas de la guerra irregular en el siglo XIX.
Otro caso es el de las montoneras de Manuel Rodríguez en Chile, que operaron en el período que media entre la Patria Vieja y el triunfo del Ejército de los Andes. También puede dársele ese nombre a los llaneros de José Tomas Boves, líder realista que combatió con elementos populares la revolución independentista venezolana y a las de muchos otros jefes, realistas o revolucionarios, que protagonizaron aquellos años de guerra en Tierra Firme.
Lo mismo ocurre en Perú, donde las montoneras colaboran activamente con la expedición libertadora de José de San Martín insurreccionando la sierra, cortando comunicaciones y líneas de suministro hasta rodear a Lima. Basilio Auqui Huaytalla, capitán de los Morochucos de Ayacucho, tuvo en vilo a las tropas del general Carratalá provocándole severos reveses. También hubo montoneras realistas que combatieron contra los independentistas reivindicando la autoridad del rey.
En todos los casos puede reconocerse una impronta popular importante en la composición de las montoneras. Muchas fueron formadas mayoritariamente por indígenas y fueron indígenas algunos de sus mas célebres jefes, como en el caso de Andrés Guazurary, o Andresito Artigas, líder guaraní que combatió con Manuel Belgrano primero y luego bajo las órdenes de su padrino José Gervasio Artigas en la zona de las misiones contra realistas, portugueses y unitarios argentinos.
Las tropas de Artigas, tanto en la Banda Oriental como en el Litoral argentino, fueron agrupaciones de montoneras preparadas tanto para pelear en conjunto como para hacerlo en pequeños grupos, lo que les otorgó gran autonomía y capacidad de maniobra.
Cabe destacar que las montoneras se reunían, por lo general, al llamado de algún jefe de renombre, que no eran levas forzosas las que engrosaban las filas sino voluntarios de los estratos mas bajos de la sociedad que se unían por fidelidad al líder, por afinidad ideológica y muchas otras veces, también, como medio para obtener algún botín. No faltaron, tampoco, reos y prisioneros que fueran incorporados a las montoneras por el caudillo que conquistara un poblado, pero, lo común, era que siguieran voluntariamente las banderas que en su consideración flameaban por la causa justa.
No faltaron guerrillas y montoneras leales a la causa del Rey. En el sur de Chile, caudillos realistas como Quintanilla y Vicente Benavídez mantuvieron la lucha contra la nueva autoridad republicana. Luego fueron los hermanos Pincheira, personajes que llevaron sus correrías hasta la Patagonia argentina, quienes reunieron montoneras con la bandera de España al tope. En Colombia, los habitantes de la región de Pasto, realistas acérrimos, resistieron con montoneras los intentos de sometimiento que los independentistas traían desde el norte. En Perú, los iquichanos al mando de Antonio Navala Huachaca, sostuvieron montoneras en pos de la restauración del antiguo orden en 1826 y 1827.
Sin embargo, fue durante las luchas por la organización nacional de los nuevos estados que las montoneras vivieron su mayor esplendor.
En Argentina, las disputas entre unitarios y federales, que iniciaron con la independencia, fueron protagonizadas por este tipo de fuerzas. Usualmente, las montoneras enfrentaban a cuerpos de ejércitos de línea con variada suerte golpeando y retirándose en feroces cargas de caballería a lanza, sable y boleadoras. Caudillos como Facundo Quiroga, José Félix Aldao, Nazario Benavídez, Juan Bautista Bustos, Felipe Ibarra, Estanislao López, Francisco Ramírez, Juan Manuel de Rosas o Alejandro Heredia combatieron en innumerables ocasiones contra Juan Galo Lavalle, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Paz y otros. Finalmente, el federalismo fue vencido en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, aunque esto no significó el fin de las montoneras que siguieron reuniéndose en el interior al llamado de Chacho Peñaloza, Felipe Varela y Ricardo López Jordán.
En Brasil, los separatistas riograndenses levantaron montoneras que asolaron la campaña durante la Guerra dos farrapos. En Uruguay, Fructuoso Rivera y Manuel Oribe hicieron lo propio.
Hubo montoneras en los llanos de Venezuela y Colombia, en la costa de Ecuador y en la sierra peruana, resistiendo al invasor chileno luego de la guerra del Pacífico al mando del Taita Cáceres.
En Cuba, los mambíses, temibles jinetes armados de machete, enfrentaron a los soldados españoles entre 1868 y 1898 en sucesivas guerras y, por su composición, tácticas y armamentos también puede catalogárselos como montoneras.
Generalmente, la participación de las montoneras en los procesos independentistas y de organización nacional de los estados latinoamericanos fue despreciada por la historia oficial, como así toda manifestación popular. La montonera era el pueblo en armas, el arriero, el comerciante, el pastor, el labriego, el artesano, el peón, el indio. Ceñida la vincha gaucha a la frente y media tijera de esquilar al tope de una caña.
El ámbito rural fue su escenario y su sustento, y su causa, la causa de la libertad como era entendida entonces.
Durante la década del 70, en argentina un grupo armado de izquierda tomo el nombre de Montoneros, protagonizando no pocas páginas de sangre en aquellos años de plomo.

lunes 2 de agosto de 2010

Termópilas Americanas. Parte IV.

Cerro de la Caballada.

Durante la guerra entre la República Argentina y el Imperio del Brasil, varios fueron los actos de heroísmo en uno y otro bando. Uno de los menos recordados por la historiografía argentina es el que ocurrió durante el intento de toma del pueblo de Carmen de Patagones por parte de una escuadra brasileña compuesta por cuatro buques y 613 hombres al mando del capitán de fragata James Shepherd.
Patagones era un poblado de poco más de quinientos habitantes, alejado de cualquier posibilidad de refuerzos. La plaza estaba a cargo coronel Martín Lacarra quien, logra reclutar, entre los vecinos, un centenar hombre de infantería, unos ochenta gauchos de a caballo, un piquete de artillería, unos doscientos corsarios, y un grupo de negros voluntarios.
Lacarra, organiza la defensa y ordenando al coronel Pereyra emplazar una batería en la desembocadura del río Negro, la caballería ocupó los médanos costeros. El se quedará en Patagones y dispone se prepare el cerro de La Caballada para el combate.
Frente al puerto del Carmen se hallaban fondeados el bergantín “Oriental Argentino” y las balleneras “Hijo de Julio” e “Hijo de Mayo”, además de tres naves recientemente capturadas a los brasileños: “Bellaflor” y las goletas “Emperatriz” y “Chiquinna”.
El ataque inicia el 27 de febrero. El 7 de marzo, las defensas habían sido vulneradas y las tropas imperiales desembarcan. En lugar de seguir la línea costera del río Negro, se internan en el desierto, donde la falta de agua y la marcha a pie por la arena desgastaron a los soldados quienes debieron enfrentar a los defensores en el cerro de la caballada. Apoyados estos por los fuegos de las embarcaciones argentinas y sin dar un solo minuto de tregua lograron la rendición de los invasores luego de muertos sus jefes. Acto seguido, se tomaron el resto de las embarcaciones de la flotilla brasileña.
Este triunfo reafirmó la presencia argentina en la Patagonia al tiempo que fue un duro revés para las fuerzas imperiales que contaban con un triunfo seguro.

Las Mujeres de Cochabamba.

En el marco de la guerra de independencia en el Alto Perú, actual Bolivia, en el año de 1812, el general español Goyeneche se dirige a la ciudad de Cochabamba que se había declarado a favor de la junta de Buenos Aires.
Al enterarse del avance de los realistas, el gobernador de la plaza Antezama, luego de desavenencias con Arze, quien había derrotado a Goyeneche en Quinua, consultó a la población sobre si defender la plaza o entregarla a los invasores, pero ya no había más de mil hombres capacitados, por lo que se resolvió la rendición. A esto respondió un pequeño grupo y varias mujeres que, luego de sacar de los depósitos algunas piezas de artillería y unos pocos fusiles, armados de piedras, palos y cuchillos, se fortificaron en el cerro de San Sebastián. Goyeneche envió un emisario a ofrecer garantías si la corta fuerza se rendía, pero la respuesta fue negativa.
Comenzó el ataque por cuatro puntos. La resistencia fue feroz. Las mujeres disparaban los cañones con sus niños a la cintura y la mayoría cayeron ante el empuje de las bayonetas realistas.
Aunque no pudieron contener a un ejército disciplinado, bien pertrechado y dirigido, el ejemplo de las mujeres y hombres que sucumbieron en San Sebastián, quienes afirmaron preferir “morir matando” antes de rendirse, hizo eco en los defensores de la causa patriota, al punto que Manuel Belgrano, cuando veía que el valor abandonaba por un instante a sus soldados, arengaba a las tropas gritando “¡¿no están aquí las mujeres de Cochabamba?!”. En su honor, el 27 de mayo, es el día de las madres en Bolivia.

Los Niños Héroes de Chapultepec

En la galería de mitos nacionales, que todos los países utilizan como medio para la construcción de su identidad, el de los Niños Héroes del castillo de Chapultepec es para México uno de los más significativos.
En su avance hacia la capital mexicana luego de vencer en Cerro Gordo, Churubusco y Molino del Rey, los estadounidenses al mando de Scott se toparon con el escollo del Castillo de Capultepec, una construcción del siglo XVII sobre una eminencia que se levanta cincuenta y siete metros por sobre el nivel de la ciudad, a solo cinco kilómetros del Zócalo, en el centro de la ciudad.
Funcionaba allí el Colegio Militar y estaba acantonado el Batallón San Blas, fuerte de 600 plazas. Toda la fuerza defensora del castillo ascendía a unos 800 hombres. Contra ellos lanzó Scott, que contaba con 12.000 soldados, un ataque de artillería y luego un asalto de infantería contra las posiciones mexicanas. En un principio resistieron, pero ante el empuje de los asaltantes, el Batallón San Blas se retiró desordenadamente dejando la mayoría de sus integrantes la vida en la defensa. Quedaban solo los cadetes del Colegio Militar, muchachos de entre 13 y 19 años de edad y algunos soldados. En un principio, la mayoría de ellos abandonaron el castillo pero otros eligieron quedarse peleando al lado de sus camaradas.
Los relatos hacen hincapié en las acciones heroicas de Suárez, quien murió defendiendo las habitaciones, Montes de Oca, muerto al saltar al vacío desde una ventana luego de proteger la salida de sus compañeros, Francisco Márquez, de solo 13 años, quien mantuvo a raya a los invasores hasta caer acribillado, Agustín Melgar, defendió el salón central del castillo y fue varias veces herido y luego repasado a bayonetazos, ganándose la admiración y respeto de los oficiales estadounidenses que intentaron salvarle la vida, Juan Escutia, luego de pelear junto al batallón San Blas y luchar cuerpo a cuerpo con los invasores saltó envuelto en una bandera mexicana para que esta no cayera en poder del enemigo y perdió la vida en la caída.
Aun se discute la veracidad histórica de estos hechos, lo concreto es que los niños héroes si existieron y si pelearon defendiendo el castillo de Chapultepec junto con los soldados regulares. Ello les valió que en 1906 se erigiera un monumento a su memoria.