¿Qué fue América Latina?

Antes de ser lo que es hoy, ¿qué cosa fue América Latina?, ¿dónde estaba?, ¿quién la poblaba?, ¿quién la explotaba? Parecen ser demasiadas preguntas.
Antes de ser América no era nada. Los que pisaban este suelo no tenían conciencia cabal de la magnitud continental de su casa, y tampoco la necesitaban. El imperio más grande que existió en América ocupaba una superficie casi como la de Europa, pero poco le importaba al agricultor que miraba solo unas cuantas terrazas sembradas de papa en el Valle Sagrado de los Incas.
América después fue Asia y Cristóbal Colón lo juraba besando el puño de su espada. España, un reino agrícola apenas unificado, lleno de hijosdalgo y de monjes, curas y obispos, fue la primera en entender que éste era un continente entero, y se arrojó a la aventura de salvarlo de las llamas del infierno a las que seguro estaban condenados todos los que lo habitaban. De paso, arrasó con el oro, la plata y las vidas.
Pero poco duró la bacanal y ya no bastaba con agacharse para recoger las pepitas del suelo. Se agotaron los imperios enchapados en metales preciosos y los monarcas por quienes pedir rescates fabulosos. Ahí se convirtió América en Latina. En ese momento viró la nave. No había más remedio que quedarse a buscar. Tal vez la tierra diera a todos lo que la suerte había dado a algunos.
Si era capaz la tierra de dar esos tomates rojos, esas papas que quitaban el hambre, el maíz que para todo servía, los plátanos, las piñas, las fresas, entonces podrían crecer el trigo y engordar las vacas. Si era tan larga esa cordillera y tan altas sus cumbres, tal vez adentro hubiera riquezas inimaginables.
América respondió que sí a todo. Además, les dio de sus hijos los brazos para trabajar, y cuando estos ya no podían más, las hermosas playas recibían un refuerzo del otro lado del inmenso mar.
Era entonces el reino de algunos señores que decidían sobre la vida y la muerte. Era una fuente de riqueza inagotable. De aquí salían los galeones cargados de oro y el oro volvía a comprar algodón, el algodón llenaba otras naves que regresaban de Europa cargadas de camisas y vestidos para las esclavas negras que Guinea había visto partir en barcos ingleses, holandeses, portugueses o franceses.
América era la plaza del mundo. Todo estaba a la venta en este mercado multicolor. La fe se podía comprar, un título de nobleza, una nueva vida, una absolución. Todo se podía vender.
Este continente transpiraba para dar de beber a los del otro lado del mar y allá se acumulaba el sudor en los palacios y en los monasterios, y quien atentara contra el orden iba derecho a la horca o a vérselas con el inquisidor primero y la horca después.
Llegó el día en que los americanos (algunos) quisieron ser ellos los dueños de la plaza. Entonces requirieron de la ayuda de aquellos a quienes habían combatido en nombre del Rey, llámense ingleses, piratas, indios o negros cimarrones, para sacudirse la modorra metropolitana. Quince años se mataron mutuamente los americanos en la peor guerra civil que el mundo haya visto jamás. Bolívar dijo que era una guerra civil y no erraba. Se batieron por el Rey, por la Patria, por la raza, por el honor, por el oro, por la plata, por el patrón o por la República.
Allí América Latina se convirtió en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay, México, Venezuela, Costa Rica, Honduras...etcétera, etcétera. Y así perdió la chance de darse a sí misma lo que le habían robado los demás. Este continente pasó de ser plaza a ser patio trasero. No dejó de ser fuente inagotable ni de transpirar copiosamente. No cambiaron demasiado los señores feudales que miran sus latifundios, no mejoraron las vidas de la mayoría que no conoce más Nación que su familia ni más Bandera que su trabajo. Y quien atentó contra el orden fue derecho al paredón o a vérselas con el míster primero y al paredón después.
Así llegó a ser America Latina lo que es: Lázaro esperando por Jesús. Una deuda que es preciso saldar.

sábado, 23 de junio de 2007

Con la tecnología de Blogger.