El adiós a Nestor Kirchner.
martes, 2 de noviembre de 2010 1 Comment
Las montoneras en América Latina. Pueblo de armas tomar.
miércoles, 13 de octubre de 2010 Leave a comment
Termópilas Americanas. Parte IV.
Las Mujeres de Cochabamba.


lunes, 2 de agosto de 2010 Leave a comment
Haití, Parte II. La tierra que late.
jueves, 15 de julio de 2010 1 Comment
Realmente, nunca más.
En todo el país se montaron escenarios y mucha gente salió a las calles a expresar su repudio al golpe, a los siete años de dictadura militar y a los represores responsables del terrorismo de estado.
El gobierno actual y el anterior pusieron énfasis en la búsqueda de justicia con la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y el apoyo a las asociaciones de Derechos Humanos como Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo, dando nuevo impulso a los juicios contra agentes del denominado Proceso de Reorganización Nacional por desaparición de personas y robo de bebés nacidos en cautiverio.
Esta voluntad expresa de encontrar y llevar a juicio a los responsables de delitos de lesa humanidad ha dado lugar a un debate que en América Latina ha sido resuelto de diferentes maneras. Las declaraciones del ex presidente argentino Eduardo Duhalde argumentando que debería hacerse una consulta popular preguntando si se debe continuar o no con estos juicios pone sobre el tapete que las heridas están lejos de sanar y que muchos en Argentina todavía creen que las leyes pueden ser emparchadas, tachadas o, simplemente, obviadas con el argumento de salvaguardar la unidad nacional, término, que en boca de tantos personajes distintos, ha sido vaciado absolutamente de sentido.
Chile ha elegido otro camino, como lo han hecho Brasil, Bolivia y Paraguay, siguiendo el modelo español post-Franquismo, aunque, como vemos en la península, es muy difícil zanjar las diferencias, y casi imposible apelar al olvido.
Las leyes con las que Argentina cerró la etapa del revisionismo de los años de plomo, luego de un ejemplar juicio a las juntas, no lograron su objetivo de reconciliar a la población. Hoy, derogadas estas leyes, asistimos a una reedición de los debates por lo ocurrido durante la guerra sucia, reivindicaciones varias y justificaciones poco verosímiles.
En medio de todo esto hemos tenido un desaparecido en plena democracia. El 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio López, albañil de la ciudad de La Plata, detenido y torturado entre 1976 y 1979, querellante y testigo en la causa por genocidio contra Miguel Etchecolatz, desapareció de su domicilio y hasta el día de hoy se desconoce su paradero.
El caso López pone de manifiesto que los grupos de tareas de las fuerzas de seguridad están aun activos y que guardan relación con represores comprometidos por crímenes de lesa humanidad.
El cuadro se presenta, entonces, mucho mas complejo. La intencionalidad de la desaparición de López, evidentemente, es frenar los juicios contra represores, muchos de los cuales siguen siendo miembros de fuerzas de seguridad. Por otro lado, agrupaciones como Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo han cobrado protagonismo. Sobre todo las Abuelas, que han logrado la restitución de su identidad a 101 nietos recuperados, cuyos padres fueron detenidos desaparecidos entre 1976 y 1983. De aquí que los antagonismos y los cruces entre unos y otros no se acallen.
Y es que lo realmente importante cuando hay tanto dolor contenido por tanto tiempo, tanta búsqueda infructuosa y tanto miedo, lo que toma suprema importancia para orientar la reflexión y obrar en consecuencia es la perspectiva. Hay una que no deja espacios libres, que, como en otros países, clama por una amnistía general (intentada por Carlos Menem) y reduce la cuestión a una guerra en la que era preciso vencer a todo trance, so pena de perder la vida y la libertad. Asume que se han cometido excesos, pero se vanagloria de haber vencido a la subversión, a los rojos y ateos, y de haber salvado a la patria de la amenaza comunista.
La otra persigue la certeza. La certeza de qué pasó con aquél que desapareció, que nadie volvió a ver. Hoy, todos saben que suerte corrieron los detenidos que nunca más volvieron, pero es necesario que un documento, una confesión, un hallazgo les confirme esta presunción. De lo contrario la herida sangra y supura constantemente, y el dolor no cesa, a lo sumo nos acostumbra.
Aquellas certezas que se han recogido sobran para llevar a juicio a los responsables de la tortura y la represión, a los que utilizaron el aparato del estado para matar, desaparecer o exiliar a los opositores del régimen socioeconómico que se impuso y del que hoy pagamos las consecuencias. Porque es lo mismo matar de bala que de hambre, es lo mismo enmudecer con un trapo en la boca o con el miedo. Es lo mismo desmovilizar con palos y gases que con la distancia de un exilio. Es lo mismo y tiene el mismo objetivo. Lo que desapareció es lo que hoy nos hace falta.
viernes, 26 de marzo de 2010 Leave a comment
Haití. Liberté, égalité, fraternité. Parte I.
Empecé a trabajar en este artículo una semana antes del terremoto del 12 de enero. Las escenas que desde entonces vi me obligan a separar en dos partes este post que hace mucho tiempo tenía la intención de publicar. Creo que,aunque la naturaleza es ingobernable, lo que queda a los hombres, las acciones, la esperanza o la desesperanza, la distribución y la eficacia de la ayuda, en fin, todo lo que estamos viendo sin entender, todo lo que está pasando aquí y ahora, tiene una raíz y tendrá sus consecuencias en el futuro cercano. Espero hacerme entender en estas próximas líneas.
A fines del siglo XVIII, la colonia francesa de Saint Domingue era la más floreciente de las colonias del nuevo mundo. En una superficie similar a la de Bélgica producía azúcar, café, añil y algodón en cifras que doblaban a las de todas las colonias británicas del Caribe. Esta inmensa fuerza económica se apoyaba en una población compuesta por 30.000 blancos, 25.000 mulatos y negros libres y una masa de esclavos superior a los 300.000.
Con las noticias llegadas desde Francia respecto del triunfo de la revolución, el clima de Saint Domingue comenzó a enrarecerse. En un principio los negros y mulatos libres, llamados gens des coleurs, descontentos con las leyes discriminatorias que pesaban sobre ellos y ante la negativa a concederles los Derechos del Hombre recientemente promulgados contribuyeron aún más a fomentar esa situación. Por su parte, Inglaterra, en guerra con la Francia republicana, acicateaba los ánimos y promovía desde las sombras un levantamiento de los esclavos que debilitara a las colonias francesas y, consecuentemente, a la economía de Francia.
Finalmente, la rebelión estalló en agosto de 1791. En Bois-Caimann, un sacerdote vudú, Dutty Boukman, realizó la ceremonia que daba inicio a la revuelta que se esparció rápidamente por toda la isla. Los plantadores blancos intentaron contenerla, pero, aunque ejecutaron a Boukman, la rebelión no se detuvo. Aquí entra en escena un esclavo, cochero de su amo, llamado a ser el padre de la patria haitiana. Touissant de L´Overture aparece como comandante de esclavos armados en 1792. Pronto, Touissant se volvió el lider de las milicias haitianas, muy considerables en número, con guerreros angolanos y congoleños y con algunos generales veteranos de la guerra de independencia de Estados Unidos, como Henri Christophe. Touissant primero sirvió en la corona de España por oposición a los republicanos que no aceptaron la rendición de los rebeldes negros, aunque luego de que la Convención declarase abolida la esclavitud en todas sus formas, regresó al seno de Francia con 4.000 hombres de línea.

Saint Domingue se convirtió en un campo de batalla más de la guerra en Europa y Touissant tuvo que defender con sus hombres la colonia contra una invasión británica a gran escala, obligándola a capitular luego de provocarle 20.000 bajas. Al mando de un creciente y disciplinado ejército, Touissant se convirtió en gobernador de facto y aún pudo conquistar la parte oriental de la isla aboliendo allí también la esclavitud.
Como gobernante vio la necesidad de reactivar la afligida economía de la isla y para ello obligó a los antiguos esclavos a retornar a las labores agrícolas, abandonadas luego de su liberación e invitó a los colonos blancos a volver a Saint Domingue ya que estos conocían las técnicas de mantenimiento de los canales que habían hecho que la colonia produjera mucho más en un terreno más pequeño. Ahora, una cuarta parte de los ingresos de las plantaciones iba a los trabajadores. Se prohibió el castigo corporal y se estableció una jornada laboral de nueve horas. Haití comenzó a recuperar su economía y la recaudación “estatal” se utilizó para construir caminos, levantar escuelas y armar su ejército.
Touissant todavía tuvo que lidiar con la rebelión de Rigaud, un general mulato de gran valor que controlaba el sur del país al que finalmente venció.

Apremiado por la urgencia de colocar los productos agrícolas de la isla y decepcionado con los ingleses, L´Ouverture volteó a Estados Unidos. Este país tenía gran interés en que Saint Domingue no volviera a caer en manos de Francia ni tampoco fuera conquistada por Inglaterra, pero debía hallar la forma de no enfrentar a las dos grandes potencias de la época. Alexander Hamilton le propuso a Touissant que Saint Domingue se convirtiera en un país independiente a cambio de su amistad y comercio e incluso le propuso una constitución que fue la base de la sancionada en 1801. Algo muy parecido al concepto de “estado tapón” aplicado veintiséis años después al Uruguay por propuesta de Gran Bretaña.
En 1801, la Paz de Amiens puso fin a las hostilidades entre Francia, ahora bajo Napoleón, e Inglaterra. Libre de conflictos en Europa, Napoleón armó una enorme expedición para recuperar Saint Domingue y las demás antillas francesas y puso al mando al marido de su hermana, Víctor-Emmanuel Leclerc.
En un principio, la resistencia haitiana contra los invasores fue controlada y uno a uno, los generales de Touissant se fueron rindiendo o pasando al enemigo hasta que el propio líder se entregó. Se le permitió retirarse a su finca creyendo que la esclavitud no sería restablecida en la isla, pero, temerosos de su influencia en las masas, fue enviado a Francia junto con su familia. Confinado en la fortaleza de Joux, en los Alpes, murió de neumonía el 7 de abril de 1803.
Fuentes:
Carlos Wesley. 215 años después: La deuda con la primera nación libre de Latinoamérica.
J. Damu, Peter Hallward, Franklin W. Knight. The revolution in a nutshell.
The History of Touissant Louverture.
martes, 19 de enero de 2010 1 Comment
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