Cuba. Hoy y, tal vez, mañana.

"Hay muchas maneras de matar. Pueden meterte un cuchillo en el vientre. Quitarte el pan. No curarte de una enfermedad. Meterte en una mala vivienda. Empujarte hasta el suicidio. Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo. Llevarte a la guerra, etc... Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado" Bertolt Brecht

Cuba es…y ahí queda todo intento por explicar la realidad de la isla. Hace cuatrocientos años era la llave de América, el puerto seguro para las naves que se llevaban del Nuevo Mundo el oro y que traían del viejo muebles, telas y viruela. Trescientos cincuenta años después se transformó en un paraíso de apostadores, lavadores de dinero, gangsters y escritores, el patio de juegos y, casi casi, estado número cincuenta y uno de la unión. Después, se convirtió en una luz roja (entiéndase “alarma” o, simplemente, luz) encendida en medio del Caribe.
Hoy se ven en Cuba estas tres realidades y muchas otras mas, pero, por mucho que se quiera explicarlas, las cosas siempre son del color del cristal con que se las mire.
La Revolución de Fidel y Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara sigue viva y es imposible de disimular. Cuba es un país altamente alfabetizado, con estándares de salud superiores a los de muchos países del llamado primer mundo, con un nivel cultural en la masa de la población que produce el asombro de cualquier visitante, sea en una biblioteca o conversando con el conductor de un bici-taxi. En Cuba se aplica más el sentido común que en cualquier lado. Se protege la fuente de trabajo alentando la inversión extranjera (sobre todo en turismo) pero con la obligación de formar sociedades mixtas con el estado cubano y de contratar personal cubano, desde la mas alta gerencia al mas básico de los puestos. Se protege, también, limitando los cupos de las carreras universitarias según los puestos de trabajo que habrá disponibles al momento de la graduación de los alumnos, evitando una sobrepoblación de profesionales en áreas con la demanda cubierta y redireccionando la formación profesional hacia sectores que se prevee crecerán, según detallados estudios que se realizan cada año. Se permite la pequeña iniciativa privada, pero controla que se paguen impuestos directamente proporcionales a las ganancias. Se acepta la ayuda extranjera, no tanto en capital, sino en desarrollo tecnológico, telecomunicaciones, transporte y energía. En Cuba aún funcionan los Comités de Defensa de la Revolución y se convoca al trabajo voluntario tal y como lo hacía el Che en 1960. Los niños van a clases desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde y no les falta jamás la comida y el vestido.
Mucho es lo que se dice sobre la pobreza del pueblo cubano, pero se afirma desde nuestra propia visión de la pobreza. Es claro que existen ítems de la vida cotidiana que un extranjero reconocería como claramente deficitarios, por ejemplo el transporte público, la vivienda y la energía, aunque se ve que se realizan esfuerzos por subsanarlos y que a nadie (de verdad, a nadie) les faltan. La ciudad de La Habana está en plena restauración de su hermosa arquitectura, para lo cual, la universidad pública abrió la matricula para la carrera de Restauración Edilicia. El transporte público está incorporando unidades nuevas que conviven con muchísimas otras formas de trasladarse, y las ciudades ahorran energía encendiendo solo las luces que son estrictamente necesarias.
Con la desaparición de la Unión Soviética en 1992, Cuba perdió su principal cliente y proveedor, cayendo en una profundísima crisis. Sobrevinieron momentos muy duros en los cuales el racionamiento se hizo necesario y la economía, desde 1963 agobiada por el bloqueo estadounidense, se retraía aun mas sobre si misma. Entonces Cuba se apoyó en el turismo como fuente de divisas y, realmente, lo hizo muy bien. Abrió las puertas a las grandes cadenas de hoteles e invirtió en una extensísima red de agencias estatales de turismo que hoy tienen representantes en todo el mundo. Al mismo tiempo, protegió a sus profesionales elevando sus salarios para que no se verificara la fuga de cerebros y permitió el emprendimiento de pequeñas empresas privadas, sobre todo en el comercio. A raiz de esto, se está viendo en Cuba mucha gente que, al tener contacto con el turista, ha conseguido elevar su poder adquisitivo y se posiciona como una nueva clase social.
Sin embargo, el ciudadano cubano encuentra muchas dificultades para salir del país, lo cual se convirtió en uno de los principales argumentos en contra de la revolución que esgrimen sus mas acérrimos detractores. Es necesario tener una carta de invitación para iniciar el trámite y obtener el pasaporte, el cual, luego de una exhaustiva investigación, puede ser denegado por las autoridades. En un mismo orden de cosas, las libertades individuales, sobre todo respecto a actividades políticas, están muy controladas por un estado omnipresente que ha incurrido en violaciones a los derechos humanos y mantiene en sus cárceles muchos presos políticos. Esto alcanza a los opositores para afirmar que cuba es un país esclavo de un tirano que reprime a sus ciudadanos y donde no existe la libertad. Falso. La libertad es muchas otras cosas. Reside en poder caminar por la calle sin miedo a ser asaltado o asesinado, en tener trabajo, en tener un techo, en ver todos los días un plato de comida en la mesa y en poder dar a los hijos una buena educación. Reside en conocer, en saber y no observar impávidos como nos convierten en autómatas ignorantes. Reside en no sentir que nos mienten en la cara, que nos usan, que nos insultan y que se ríen de nosotros. Es no tener que ver que los que gobiernan carecen de escrúpulos y se enriquecen a costa nuestra cada día mas hasta lo obsceno. Es no permitir que se lleven lo que es nuestro. Es no morir de hambre, ni de frío ni de calor, es tener salud sin tener que vender el alma para pagarla, es, en suma, ser feliz, y los cubanos lo son en gran medida. Ellos defienden los logros de su revolución, los defienden y los reafirman con una cohesión admirable. Son un pueblo que se mueve en pos del bien común, que entiende perfectamente que lo poco que tienen lo tienen todos y que de otra manera sería como cualquier otro país de América Latina, donde pocos tienen mucho, algunos algo y muchos nada. En nada se cuidan de hablar de las cosas que están mal, no existe una policía secreta que mintoree las conversaciones de la gente a la caza de opositores y, al contrario, son muy conscientes del humor de la calle.
Ahora, Fidel Castro ha renunciado a la presidencia de Cuba. Aquellos que en Miami salieron a festejar a la calle se equivocan si creen que los cubanos de la isla van a dejar que lo que tanto les costó ganar se pierda por la ausencia de su jefe. Se engañan los que creen que la revolución reside en Castro, no, la Revolución es obra del pueblo cubano y lo vi claramente en los rostros de la gente, en su conversación, en su orgullo, en su alegría y en un pequeño cartel escrito con marcador y pegado en la puerta de un edificio de departamentos que rezaba “Mañana, domingo 26 de noviembre de 2007, Trabajo Voluntario” CDR 36.


jueves, 6 de marzo de 2008 1 Comment

Salvador

El 11 de septiembre es una fecha para reflexionar, para tratar de entender como funciona el mundo, como se mueve y como se estanca. Los medios de comunicación se encargan de bombardear nuestras radios y televisores con anuncios de programas especiales, de documentales y de homenajes a las víctimas. Pocos son los que se ocupan del significado de esta fecha para esta parte del mundo, pocos son los que recuerdan a esas "otras" víctimas.
El 11 de septiembre de 1973, a las 5:30 de la mañana el Presidente de la República de Chile, Salvador Allende, era despertado con la noticia de que la guarnición militar de Valparaíso se había levantado en contra de su gobierno, el cual, vale decirlo, había sido democráticamente electo por el pueblo. Desde el principio, el triunfo de la coalición de izquierda había preocupado a los círculos de grandes terratenientes, industriales y a las multinacionales. Se barajó la posibilidad de impedir que el Presidente electo asumiera su cargo y para ello se sondearon las voluntades del ejército. En ese entonces, el General en Jefe René Schneider manifestó que se atendría a derecho y respetaría la voluntad del congreso, lo cual le costaría la vida cuando se defendió de un intento de secuestro destinado a desestabilizar al país y generar la anarquía. Allende diría sobre este hecho "esas balas eran para mi".
Una vez instalado en La Moneda Allende pondría en marcha una serie de medidas correspondientes a su plan de "socialismo a la chilena" que consistían en la nacionalización de empresas y minas, reforma agraria, aumento general de los salarios de los trabajadores y congelamiento de precios para evitar la inflación especulativa. Si bien al principio el plan arrojó saldos positivos, la situación económica se empezó a deteriorar al comenzar el segundo año de su mandato. Al mismo tiempo, la tensión social crecía, los bandos se ensañaban en una lucha mediática a través de los diarios y se producían enfrentamientos en las calles. Las manifestaciones a favor o en contra eran cotidianas y los mártires de cada facción empezaban a aparecer.
A todo esto se suma el hecho de que Chile representaba un campo de batalla para la geopolítica bipolar de entonces, donde estaba en juego mucho mas que el destino de los habitantes de ese país. Para Estados Unidos era un muy mal ejemplo la existencia de un gobierno de izquierda enclavado en medio de un polvorín social como era América Latina. Para la Unión Soviética, una excelente posibilidad de hacerse de un socio exportador de cobre y, para Cuba, un aliado en medio de la soledad y el aislamiento.
Estados Unidos puso en marcha su plan para provocar la caída del gobierno. Financió la huelga de camioneros que provocó desabastecimiento mientras Henry Kissinger tildaba de "irresponsable" al pueblo Chileno por haber elegido a Allende y sus agentes atizaban los ánimos de empresarios, militares, políticos y religiosos para provocar la insurrección y el golpe. Como por arte de magia, el precio mundial del cobre, principal producto de exportación chileno, se derrumbó.
Finalmente, el día 11 de septiembre Augusto Pinochet, en quien el Presidente confiaba, se pone a la cabeza del golpe e intima a Allende a renunciar al cargo y le ofrece el exilio. Este rehúsa y se encierra en La Moneda junto con sus hijas y un reducido grupo de seguidores armado de fusil. Por unas horas logran resistir el ataque de todo el ejército, hasta que el bombardeo hace insostenible su posición. Dirige desde el palacio un último mensaje a la Nación a través de Radio Magallanes y decide la rendición. Con su fusil AK-47 se quita la vida.
La historia de la presidencia de Salvador Allende es la historia de la América imposible, que cuando creyó que podía cambiar de signo y hacer su propia historia se vió desnuda y a merced de las jaurías de intereses internacionales, de oligarcas terratenientes e industriales y presa de un juego macabro en el que dos gatos juegan con un ratón. La entereza y valor de este hombre es digna de ser recordada, como asi también, la intolerancia y el entreguismo de sus victimarios que se multiplicarán por todo el continente. Miles caerían después del triunfo pinochetista, miles se irían del país. El cobre multiplicaría su valor en pocos días.
En santiago hay una calle cuyo nombre es 11 de septiembre y, aunque haya sido nombrada para recordar un triunfo, hoy su significado debería de conmemorar a un hombre que dio la vida por aquello en que creía.

lunes, 1 de octubre de 2007 1 Comment

La delgada línea entre los opuestos

Con la emancipación, los nuevos países de América tuvieron que enfrentar la organización nacional. En todos, este fue un proceso doloroso, salpicado de guerras civiles que en algunos casos se prolongaron hasta las últimas décadas del siglo XIX.
Vencidas las posturas monárquicas, se adoptó la república como sistema de organización del estado, aunque dentro de esta, las facciones pugnaron por hacerse del poder. Surgieron, entonces, federales y unitarios, liberales y conservadores, blancos y colorados, la costa y la sierra. Los caudillos se erigieron como paladines, centauros protectores y opresores del pueblo, en un doble juego constante.
Desde 1810, en lo que hoy es la Argentina, estas pugnas se hicieron evidentes. Lo que comenzó como un enfrentamiento entre moderados (encarnados por Saavedra) y radicales (Moreno), evolucionó hacia un conflicto cuyas consecuencias aún hoy subsisten y que tuvo tantos matices como soldados enrolados en sus filas. Las posturas de los principales actores de esta tragedia (a veces, comedia), variaron según la corriente de los hechos y el monto del soborno fluctuaban. Las traiciones y los cambios de bando no escasearon nunca, como así también, los dobles discursos. No se trató solamente del puerto contra el interior, ni de civilización contra barbarie, muchos factores mas mundanos influyeron en la elección de uno u otro bando. Existieron gobernadores de provincia que se declararon unitarios, en algo que, mediante una visión simplista (que, lamentablemente, predomina) constituye una contradicción. Otros fueron arrastrados por las banderas de la religión, de la tradición o de la simple obediencia al patrón de la estancia. Muchos autores dan a Mariano Moreno el rol de precursor del unitarismo, aún obviando el hecho de que, en su Plan de Operaciones, postule el proteccionismo de la industria nacional, a sabiendas, uno de los pilares del pensamiento federal. Ramírez, de común acuerdo con Sarratea y López, corrió a Artigas hasta el exilio. Lavalle vivió atormentado por el fusilamiento de Dorrego, a quien consideró un patriota y gran hombre. Rosas se movió en una nebulosa de medidas y símbolos federalistas y, al mismo tiempo, obstaculizó los proyectos de constitución nacional, mantuvo el control y el usufructo de la aduana y promulgó medidas proteccionistas que tuvieron efecto sólo en cortos períodos de su mandato, e, incluso, se le involucró en el asesinato de Quiroga. Urquiza, federal de pura cepa, se levantó en armas contra el Restaurador, acicateado por los unitarios exiliados en Montevideo. Entró en Buenos Aires al frente del Ejército Grande con tropas del Imperio del Brasil, aliado histórico de los doctores porteñistas, ateos, abajeños, civilizados y salvajes unitarios, usando poncho, galera y divisa punzó. Mas tarde, abandonó a la Confederación que lo tenía como líder, organizó las levas forzosas de gauchos para la impopular guerra contra el Paraguay e hizo oídos sordos a los reclamos de Chacho Peñaloza y Felipe Varela, hoy paradigmas del federalismo, que, no obstante combatieron al estanciero de ojos azules. Alberti, unitario ilustrado, escribió, en sus últimos años, palabras de elogio hacia los federales que antes había denostado.
A estas convulsiones no escapó casi ninguno de los países de América Latina, quizás, solo Paraguay y Brasil. Venezuela tuvo su guerra federal, en Colombia se enfrentaron Liberales y Conservadores, mismo nombre tuvieron en Chile. México tuvo varias guerras civiles, Perú no durmió una sola noche en paz durante muchos años después de que se fueron los Libertadores. Bolivia y Ecuador marcharon y contramarcharon al paso de sus caudillos y la América central siempre fue un polvorín. Dos proyectos de país pelearon por imponerse durante décadas. La frontera entre unos y otros nunca fue mas que una delgada línea que muchos han cruzado de ida y de vuelta mas de una vez. Y se sigue cruzando.

viernes, 17 de agosto de 2007 Leave a comment

El silencio de los Libertadores

Entre 1808 y 1811 florecieron en todo el continente las Juntas Gubernativas, en la letra, conservadoras de la soberanía de Fernando VII; en la práctica, embrionarios gobiernos criollos de estados independientes. Al tiempo que esta segunda intención se hacía manifiesta, la resistencia realista se ponía en marcha para sofocarlas. Rápidamente se acallaron los fusiles de la Revolución Cochabambina de Murillo en 1809, fracasó la expedición de la Primera Junta de Buenos Aires al Paraguay y se ahogaron en sangre las Primeras Repúblicas de Chile y Venezuela y la Patria Boba de la Nueva Granada. Era la guerra, declarada y abierta, enconada y cruenta.

A pelearla acudirían antiguos oficiales del Ejército del Rey, comerciantes, ganaderos, abogados y curas, esclavos, indígenas, peones y mineros. Los guiarían los Libertadores, estirpe americana, puro carácter y decisión. Artigas, Bolívar, Belgrano, San Martín, Sucre, O´Higgins, Miranda, Hidalgo, Morelos...ninguno tendría paz ni recompensa luego de quince años de matar y morir en los campos de batalla. Sus figuras, demasiado grandes, serían peligrosas para los gobiernos emergentes de las fraccionadas repúblicas americanas. Demasiado influjo tenían sobre los pueblos y las tropas, demasiado poder.

El temor siempre estuvo camuflado de ingratitud para los mezquinos, los enredadores y para los agentes extranjeros que no veían mas allá de sus latifundios o sus consulados en Europa, para quienes nunca existió mas patria que sus estancias o sus acciones en alguna banca de allende el mar.

Bolívar murió en 1830 en Santa Marta, Colombia. Ya no su gran Colombia de Boyacá y Carabobo, esa no existía. Su espada había forjado una gran nación que el filo del egoísmo ahora cortaba en cinco estados debiluchos. Se lo atacó con saña donde antes había sido aclamado, se le acusó de tirano, se le alejó de su tierra, se le negó el descanso. Al fin se quedó sin fuerzas y no pudo con su pena.

San Martín vivió treinta años en Europa, alejado de la tierra que lo había visto nacer y por la que había dejado todo. Ni Chile, que le debía su independencia, ni el Perú que él había despertado, ni las Provincias Unidas del Rio de la Plata pudieron o quisieron darle un lugar para descansar de tanta guerra. En Buenos Aires, fundo de Rivadavia, su nombre era mala palabra y sinónimo de traidor por haberse negado a retrogradar un ejército que él había armado para asegurar la independencia y no para abrir el pecho de otros argentinos. En el Perú le pusieron el mote de Rey José y lo abandonaron sus mejores generales. Intentó una vez volver a su país, pero este nada tenía para si, mas que agravios y la tumba de su esposa. Se embarcó sin pisar suelo argentino para terminar sus días en Francia, pobre y olvidado.

Artigas, en su tiempo Protector de los Pueblos Libres, tuvo también su largo exilio. Treinta años dedicó su tiempo al cultivo de una parcelita de tierra en Paraguay. Lo corrieron los Portugueses que invadieron la Banda Oriental, las armas que las rentas del puerto podían pagar y los antiguos aliados enredados por la retórica hipnótica del vil metal. Nunca tuvo más bandera que la federal, cruz suficiente para su condena.

Belgrano, creador de la bandera argentina, héroe de las invasiones inglesas, General vencedor de Salta y Tucumán, abogado patriota y miembro de la Primera Junta de Gobierno, expiró solo y pobre en 1820. Morelos e Hidalgo murieron por México, traicionados por los suyos. O´Higgins vio las espaldas de sus conciudadanos antes de dejar Chile para siempre y radicarse en el Perú. Sucre, Gran Mariscal de Pichincha y Ayacucho, genial militar y persona brillante, murió asesinado en los bosques de Ecuador por bandidos a sueldo. A otros muchos, la traición les tendió el puente al mas allá, como a Güemes, muralla contra la que se estrellaron los orgullosos ejércitos relistas del Alto Perú.

El olvido, la condena, el oprobio y el exilio fueron las armas del miedo de aquellos que se sabían pequeños y que solo podrían mantenerse en su telaraña si los grandes hombres ya no estaban. La historia americana seguirá dando garrotazos en la cabeza para provocar la amnesia de los pueblos hasta el día de hoy, borroneando los libros de escuela, manipulando el almanaque, proscribiendo a quien merece el bronce y el mármol.

Cada vez que alguien oiga hablar de un demagogo, de un tirano, de un loco, de un idealista, de un soñador o un romántico que no tiene los pies sobre la tierra, que desconfíe, porque allí, tal vez, haya un Libertador.

domingo, 5 de agosto de 2007 Leave a comment

« Entradas antiguas Entradas más recientes »
Con la tecnología de Blogger.
Historiador.net Buzzear (AR) Planeta Historia | Noticias y blogs de Historia por RSS Blogalaxia