Arauco: la guerra más larga.

Desaparecen los taínos, se los lleva la viruela y el acero. Caen como moscas los aztecas, huyen del ruido de la artillería y de los perros, dejan la vida en las calzadas de su gran ciudad. Callan los incas. Siguen mudos con los ojos la ejecución de su dios encarnado. Los que luchan no tienen fuerza, ni pólvora, ni caballos y se van a la selva. Pero en el sur profundo, donde los valles verdes se hacen mas verdes, y el mar se va pegando a la cordillera, resisten los habitantes de la araucanía. Hombres recios, altos y fuertes, inteligentes y astutos, no compran la cruz ni el trigo pero sí aprenden quién es el hombre blanco.

Desde el principio, la conquista de Chile fue una obra ciclópea. Buscando la fortuna que había visto pero no tocado, Diego de Almagro se lanzó al sur del reluciente Perú del que eran dueños los Pizarro. Anduvo desiertos donde no hay ni palabra para nombrar la lluvia y valles que dan vértigo. Encontró indios mansos en el norte a los que pronto mandaría a los lavaderos de oro, y encontró indios hostiles más al sur. Los mapuches habitaron estas tierras durante muchos siglos antes de que llegara el hombre blanco. Ellos solos habían sido la frontera del omnipotente imperio del sol. Geniales guerreros, no se dejaron dominar ni engañar y decidieron dar pelea.

Con Almagro en el Perú, la tarea de la colonización de Chile cayó en manos de Pedro de Valdivia quien pronto vio como se agotaban las tierras del valle central que va desde la cuesta de Chacabuco hasta el río Maule. Al sur de este río habían fundado sus reales los Mapuches. Valdivia no había sentado la planta aun cuando miles de indígenas lo rodearon. Tuvo que abandonar los fuertes que había fundado y refugiarse en Concepción. En la batalla de Tucapel fue capturado por las huestes de Lautaro y posteriormente ejecutado. Era este capitán indígena un antiguo paje de Valdivia. Con los españoles se había criado y de ellos había aprendido tácticas guerreras y el uso del caballo. Escapó hacia territorio araucano y se hizo Toqui. Fue el inventor de la táctica de ataque por oleadas que desgastaba al enemigo hasta derrotarlo. Lautaro llevó la rebelión hasta las puertas de Santiago, pero murió asesinado en su tienda antes del asalto a la ciudad.

Los Araucanos tenían una gran resistencia física, lo que los hacía pelear por más tiempo y más ferozmente. Eran arrojados y no le temían al caballo o a las armas de fuego ni a los castigos o matanzas con los que se intentaba dominarlos a través del miedo. Levantaban fuertes como los de los españoles (Libén, Lincoya) y sabían usar la táctica de la guerrilla para hostilizar y desgastar al enemigo. No eran como los Incas, quienes se desbandaban ni bien veían caer a su líder, sino que seguían luchando. El Mapuche peleaba armado de macana o garrote, lanza, arco y flecha, lazo y boleadoras, y hasta llegaron a dominar el fusil. Aprendieron a montar y lo hicieron diestramente, al mismo tiempo que perfeccionaban tácticas de asedio como el desvío de ríos o las paredes móviles detrás de las cuales se protegían de los tiros españoles.

Durante siglos, los fuertes y ciudadelas que se habían establecido al sur del río Maule vivieron en estado de alerta constante y muchas veces fueron arrasadas y evacuadas ante el asedio de los Mapuches. Arauco, Chillán, Concepción, Purén, Angol, Yumbel, Nacimiento, Santa Bárbara, Valdivia, La Imperial, entre muchas otras poblaciones, fueron construidas y destruidas sucesivamente. Los Españoles no eran dueños mas que de el terreno que pisaban. Los recursos del país eran bien escasos para hacer frente a la guerra, y hubo que recurrir una y mil veces a la plata del Perú para equipar las expediciones y a soldados del Perú para llevarlas a cabo. Pero estas aventuras no eran populares entre las tropas; leyendas horribles se contaban sobre Chile, sobre los Araucanos y sobre el insalubre y húmedo clima del sur. Muchas veces hubo que recurrir a soldados mestizos que se pasaban de bando ni bien veían al verdadero enemigo y no faltaron, tampoco, españoles pasados.

La guerra se había generalizado en toda la frontera, la cual existía de hecho como existía la frontera entre España y Francia en Europa. Aunque intentaran asentarse allende la marca, los españoles eran obligados a replegarse al norte del Bío-Bío.

Muchas veces se celebraron tratados entre los contendientes en un extraño acto de reconocimiento hacia la nación Araucana, como lo hizo García Hurtado de Mendoza o Pedro de Villagra. Sin embargo, estas paces eran consideradas por los Mapuches como tiempo para recuperarse de las epidemias traídas por el europeo o cosechar los campos antes de contar con brazos para reiniciar la batalla, y los materiales que como obsequios recibían eran automáticamente transformados en útiles de guerra.

Ante la imposibilidad de arrojar a los indígenas de sus territorios o someterlos a la autoridad de España, lentamente se fue abandonando la idea de una guerra ofensiva y fue tomando forma el plan de preservar las conquistas logradas mediante una línea de fuertes sobre la frontera, la supresión del servicio personal y la evangelización de los pueblos Araucanos. Este plan dio comienzo a la etapa de guerra defensiva y su más apasionado defensor fue el sacerdote Luis de Valdivia quien celebró con los caciques Anganamón, Tereulipe y Ainavilú el parlamento de Paicaví.

Luego de las batallas de Picolhué, Los Robles y Albarrada, ante la imposibilidad de rendir a los Mapuches liderados por Lientur y Butapichón, entre otros, se celebró el parlamento de Quillín donde se reconoció a los Mapuches como soberanos de su tierra, eximidos de esclavitud y servidumbre, comprometiéndose los españoles a retrogradar hasta el Bío-Bío y despoblar Angol. No obstante, los malos tratos que los españoles brindaban a los indígenas encendieron la llama de la rebelión nuevamente. Para 1655 los fuertes de Talcamávida, Colcura y Arauco se habían perdido, Boroa, Valdivia, Chillán y Concepción sobrevivían bajo sitio. El estado de ebullición se mantuvo hasta 1664 cuando desaparecieron el Toqui Misqui y el Mestizo Alejo, un hábil estratega, antiguo soldado al servicio de España pasado a los Mapuches. Se estima que para entonces entre quince y veinte mil españoles habían muerto en Chile, sesenta mil yanaconas y cien mil guerreros mapuches, mas de dos tercios de la población original Araucana había sido arrasada por las epidemias.

A partir de entonces se empezó a notar una disminución en la voluntad guerrera de los originales habitantes de Chile. Esto en parte se explica por el creciente mestizaje, la interacción con el español y la merma de guerreros a consecuencia de las enfermedades, al tiempo que permitían la entrada de evangelizadores, aunque nunca adoptaron del todo la fe cristiana. Todo esto daría como resultado una paz que duró treinta años.

Los levantamientos continuaron ocurriendo con fuerza hasta 1780 y de allí en más, el mestizaje y el comercio fueron tendiendo lazos entre españoles y araucanos. Sin embargo, el Mapuche se resistía a la integración total con el colono y no permitía el libre tránsito por su territorio en un acto de clara soberanía.

Durante la guerra de independencia, los araucanos pelearon del lado realista para luego volver a sus tierras del sur, donde permanecieron en contacto constante con las tribus pampeanas de las que obtenían ganado que luego vendían en las ferias chilenas. Esta relación entre las tribus araucanas (pehuenches, tehuelches, mapuches, hulliches, etc) de uno y otro lado de la cordillera protegería, hasta finales del siglo XIX, la frontera sur del dominio del huinca (blanco), pero los nuevos estados de Argentina y Chile emprenderían casi paralelamente acciones militares para someter a los indígenas, quitarles sus tierras y enviarlos a reducciones sobre suelos pobres e inproductivos. Los que decidieron pelear fueron exterminados por los remingtons de uno y otro ejército, los sobrevivientes vendidos como sirvientes de grandes hacendados. En Chile, este proceso se denominó “Pacificación de la Araucanía”, en Argentina “Conquista del Desierto”. El resultado sería exactamente el mismo.

Hoy, las comunidades mapuches forman parte del sector mas empobrecido de ambos países, continúan reclamando las tierras que les fueron sustraídas y luchando para mantener su cultura y su lengua vivas con la misma fiereza con la que pelearon una guerra de trescientos años, la guerra más larga de la historia.

Fuentes:
Alonso de Ercilla, La Araucana.
Wikipedia.org
Ernst Samhaber, Sudamerika.

miércoles, 7 de mayo de 2008 2 Comments

La destrucción del Paraguay

En el corazón de América del Sur, flanqueado por enormes ríos y desiertos verdes, ahí se creó el Paraguay. Obra de conquistadores, misioneros y guaraníes, todo mezclado en un mortero con yerba mate y mandioca, la tierra de los fundadores de Buenos Aires siempre se cuido sola. Olvidado rincón del imperio español, nunca tuvo muy en cuenta la autoridad lejana. Rechazó a los bandeirantes y a los porteños y no quiso ser provincia; quiso ser nación.

El Paraguay, gobernado por Gaspar Rodríguez de Francia, recorrió un camino distinto al de las demás provincias del Río de la Plata. Francia creó “estancias de la patria”, suerte de cooperativas agrarias de propiedad comunal, por lo general, en tierras expropiadas a antiguos latifundistas. Impuso duras penas al robo y suprimió todo comercio especulativo, al mismo tiempo que el estado se ocupaba de exportar o negociar la producción. Dio la posibilidad de elegir representantes “por todo el pueblo en uso y ejercicio de los derechos naturales y libres inherentes a todos los Ciudadanos de cualquier Estado, clase o condición que sean”, algo muy distinto a lo que ocurría en el resto de Sudamérica donde había que tener fortuna, color y buen vestido para poder elegir.
A la muerte del Dictador, lo sucede en la presidencia Carlos Antonio López, quién se ocupa de mantener los logros de Francia y, a la vez, modernizar al Paraguay. Convocó a técnicos e ingenieros extranjeros para poner en marcha fundiciones de hierro, fábricas de armas y de pólvora, astilleros, telégrafos y ferrocarriles. El paraguay comerciaba con el mundo a través de su propia flota fluvial y de ultramar. Además, en el país no había analfabetos y el estado becaba en Europa y Estados Unidos sus futuros técnicos e ingenieros. Paraguay carecía de deuda externa, jamás, incluso durante la guerra, pidió un empréstito, mas no pudo escapar a la imposición de estos luego de la contienda.
Este estado moderno, que a nadie pedía ni debía, autoabastecido y conciente de sí era un terrible mal ejemplo para la política que estaba de moda en la Sudamérica progresista, liberal y anglófila de entonces. Era necesario acabar con el “Tirano López” que oprimía a su pueblo privándolo de las bondades de la “civilización” que pregonaban el emperador del Brasil, Mitre y Sarmiento y, de paso, quedarse con buena parte del Chaco o el Mato Grosso, juntar esclavos y mandar al matadero a los gauchos siempre revoltosos de las pampas argentinas.
López no quería la guerra, pero tuvo que aceptarla cuando el Uruguay cayó bajo la bota de Venancio Flores y sus aliados imperiales. No contaría con los federales argentinos, acéfalos como estaban porque Urquiza, su líder natural, se hacía el tonto mientras negociaba con los brasileños. No tenía más que con su ejército, bien entrenado y equipado, para oponerse al cuádruple de fuerza.

La guerra que Mitre había proyectado que duraría tres meses tardó cinco largos años en concluir. Para llevarla a cabo Brasil recurrió a sus esclavos, Argentina a la leva forzosa en el interior y Uruguay a los gauchos de la campaña. Los “voluntarios” de la guerra del Paraguay eran llevados al frente atados de pies y manos. Muchas veces batallones y hasta campamentos enteros se sublevaron y desertaron afirmando que esta no era su guerra, que el Paraguay era una provincia hermana y que el verdadero enemigo era Buenos Aires y el emperador.
Sin embargo, hubo guerra y fue tremenda. El Paraguay y todo su esplendor fue arrasado por las hordas de la “civilización” y el “progreso”. En cinco años de lucha, fue eliminado el cincuenta por ciento de la población total del país y el 99,4% de los varones mayores de diez años murieron. Se destruyeron los astilleros, los hornos de fundición, los telares; las escuelas y los hospitales, aún con los enfermos y heridos dentro, fueron incendiados y las ciudades saqueadas. Los prisioneros paraguayos eran obligados a pelear contra sus compatriotas, aunque muchos corrieron peor suerte y terminaron de esclavos en los cafetales de San Pablo. Al lado de López pelearon los niños, las mujeres y los ancianos hasta la última gota de sangre, derramada en Cerro Corá, donde el Mariscal murió como un tigre, arrinconado por los imperiales.

No le fue mucho mejor a los “vencedores” de la guerra. Argentina tuvo miles de muertos y heridos y se endeudó fuertemente para hacer frente a los costos de la contienda. Lo mismo le ocurrió al Brasil y al Uruguay. Sin embargo, los porteños se sacaron de encima al gauchaje revoltoso, muerto en el lodo de Curupayty y Tuyutí, Brasil mantuvo unido su imperio e Inglaterra, principal instigadora, financista y beneficiaria de la guerra, pudo, por fin, controlar toda la cuenca del Plata.
La guerra del Paraguay tal vez haya sido la guerra mas injusta, sangrienta y vergonzosa de la historia de América Latina. Fue planeada por Inglaterra y sus aliados liberales para borrar del mapa una nación entera, mal ejemplo de independencia y desarrollo. Se manipuló a la opinión pública con una intensa campaña en diarios y manifiestos, tratando de justificar una acción de rapiña, totalmente impopular y demasiado costosa en vidas y bienes.
Es lícito preguntarse qué sería del Paraguay si la guerra del 1865 no hubiera ocurrido, si en vez de destruir, hubiéramos seguido su “mal ejemplo”. Tal vez, hoy América Latina sería un lugar mas justo y próspero, pero no podremos saberlo. Las tres naciones que formaron la alianza tienen hoy todavía una deuda histórica que es necesario saldar para firmar la paz de una vez por todas.

Imágenes: Cándido López.
Fuente: "La guerra del Paraguay" www.lagazeta.com.ar

martes, 1 de abril de 2008 3 Comments

Cuba. Hoy y, tal vez, mañana.

"Hay muchas maneras de matar. Pueden meterte un cuchillo en el vientre. Quitarte el pan. No curarte de una enfermedad. Meterte en una mala vivienda. Empujarte hasta el suicidio. Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo. Llevarte a la guerra, etc... Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado" Bertolt Brecht

Cuba es…y ahí queda todo intento por explicar la realidad de la isla. Hace cuatrocientos años era la llave de América, el puerto seguro para las naves que se llevaban del Nuevo Mundo el oro y que traían del viejo muebles, telas y viruela. Trescientos cincuenta años después se transformó en un paraíso de apostadores, lavadores de dinero, gangsters y escritores, el patio de juegos y, casi casi, estado número cincuenta y uno de la unión. Después, se convirtió en una luz roja (entiéndase “alarma” o, simplemente, luz) encendida en medio del Caribe.
Hoy se ven en Cuba estas tres realidades y muchas otras mas, pero, por mucho que se quiera explicarlas, las cosas siempre son del color del cristal con que se las mire.
La Revolución de Fidel y Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara sigue viva y es imposible de disimular. Cuba es un país altamente alfabetizado, con estándares de salud superiores a los de muchos países del llamado primer mundo, con un nivel cultural en la masa de la población que produce el asombro de cualquier visitante, sea en una biblioteca o conversando con el conductor de un bici-taxi. En Cuba se aplica más el sentido común que en cualquier lado. Se protege la fuente de trabajo alentando la inversión extranjera (sobre todo en turismo) pero con la obligación de formar sociedades mixtas con el estado cubano y de contratar personal cubano, desde la mas alta gerencia al mas básico de los puestos. Se protege, también, limitando los cupos de las carreras universitarias según los puestos de trabajo que habrá disponibles al momento de la graduación de los alumnos, evitando una sobrepoblación de profesionales en áreas con la demanda cubierta y redireccionando la formación profesional hacia sectores que se prevee crecerán, según detallados estudios que se realizan cada año. Se permite la pequeña iniciativa privada, pero controla que se paguen impuestos directamente proporcionales a las ganancias. Se acepta la ayuda extranjera, no tanto en capital, sino en desarrollo tecnológico, telecomunicaciones, transporte y energía. En Cuba aún funcionan los Comités de Defensa de la Revolución y se convoca al trabajo voluntario tal y como lo hacía el Che en 1960. Los niños van a clases desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde y no les falta jamás la comida y el vestido.
Mucho es lo que se dice sobre la pobreza del pueblo cubano, pero se afirma desde nuestra propia visión de la pobreza. Es claro que existen ítems de la vida cotidiana que un extranjero reconocería como claramente deficitarios, por ejemplo el transporte público, la vivienda y la energía, aunque se ve que se realizan esfuerzos por subsanarlos y que a nadie (de verdad, a nadie) les faltan. La ciudad de La Habana está en plena restauración de su hermosa arquitectura, para lo cual, la universidad pública abrió la matricula para la carrera de Restauración Edilicia. El transporte público está incorporando unidades nuevas que conviven con muchísimas otras formas de trasladarse, y las ciudades ahorran energía encendiendo solo las luces que son estrictamente necesarias.
Con la desaparición de la Unión Soviética en 1992, Cuba perdió su principal cliente y proveedor, cayendo en una profundísima crisis. Sobrevinieron momentos muy duros en los cuales el racionamiento se hizo necesario y la economía, desde 1963 agobiada por el bloqueo estadounidense, se retraía aun mas sobre si misma. Entonces Cuba se apoyó en el turismo como fuente de divisas y, realmente, lo hizo muy bien. Abrió las puertas a las grandes cadenas de hoteles e invirtió en una extensísima red de agencias estatales de turismo que hoy tienen representantes en todo el mundo. Al mismo tiempo, protegió a sus profesionales elevando sus salarios para que no se verificara la fuga de cerebros y permitió el emprendimiento de pequeñas empresas privadas, sobre todo en el comercio. A raiz de esto, se está viendo en Cuba mucha gente que, al tener contacto con el turista, ha conseguido elevar su poder adquisitivo y se posiciona como una nueva clase social.
Sin embargo, el ciudadano cubano encuentra muchas dificultades para salir del país, lo cual se convirtió en uno de los principales argumentos en contra de la revolución que esgrimen sus mas acérrimos detractores. Es necesario tener una carta de invitación para iniciar el trámite y obtener el pasaporte, el cual, luego de una exhaustiva investigación, puede ser denegado por las autoridades. En un mismo orden de cosas, las libertades individuales, sobre todo respecto a actividades políticas, están muy controladas por un estado omnipresente que ha incurrido en violaciones a los derechos humanos y mantiene en sus cárceles muchos presos políticos. Esto alcanza a los opositores para afirmar que cuba es un país esclavo de un tirano que reprime a sus ciudadanos y donde no existe la libertad. Falso. La libertad es muchas otras cosas. Reside en poder caminar por la calle sin miedo a ser asaltado o asesinado, en tener trabajo, en tener un techo, en ver todos los días un plato de comida en la mesa y en poder dar a los hijos una buena educación. Reside en conocer, en saber y no observar impávidos como nos convierten en autómatas ignorantes. Reside en no sentir que nos mienten en la cara, que nos usan, que nos insultan y que se ríen de nosotros. Es no tener que ver que los que gobiernan carecen de escrúpulos y se enriquecen a costa nuestra cada día mas hasta lo obsceno. Es no permitir que se lleven lo que es nuestro. Es no morir de hambre, ni de frío ni de calor, es tener salud sin tener que vender el alma para pagarla, es, en suma, ser feliz, y los cubanos lo son en gran medida. Ellos defienden los logros de su revolución, los defienden y los reafirman con una cohesión admirable. Son un pueblo que se mueve en pos del bien común, que entiende perfectamente que lo poco que tienen lo tienen todos y que de otra manera sería como cualquier otro país de América Latina, donde pocos tienen mucho, algunos algo y muchos nada. En nada se cuidan de hablar de las cosas que están mal, no existe una policía secreta que mintoree las conversaciones de la gente a la caza de opositores y, al contrario, son muy conscientes del humor de la calle.
Ahora, Fidel Castro ha renunciado a la presidencia de Cuba. Aquellos que en Miami salieron a festejar a la calle se equivocan si creen que los cubanos de la isla van a dejar que lo que tanto les costó ganar se pierda por la ausencia de su jefe. Se engañan los que creen que la revolución reside en Castro, no, la Revolución es obra del pueblo cubano y lo vi claramente en los rostros de la gente, en su conversación, en su orgullo, en su alegría y en un pequeño cartel escrito con marcador y pegado en la puerta de un edificio de departamentos que rezaba “Mañana, domingo 26 de noviembre de 2007, Trabajo Voluntario” CDR 36.


jueves, 6 de marzo de 2008 1 Comment

Salvador

El 11 de septiembre es una fecha para reflexionar, para tratar de entender como funciona el mundo, como se mueve y como se estanca. Los medios de comunicación se encargan de bombardear nuestras radios y televisores con anuncios de programas especiales, de documentales y de homenajes a las víctimas. Pocos son los que se ocupan del significado de esta fecha para esta parte del mundo, pocos son los que recuerdan a esas "otras" víctimas.
El 11 de septiembre de 1973, a las 5:30 de la mañana el Presidente de la República de Chile, Salvador Allende, era despertado con la noticia de que la guarnición militar de Valparaíso se había levantado en contra de su gobierno, el cual, vale decirlo, había sido democráticamente electo por el pueblo. Desde el principio, el triunfo de la coalición de izquierda había preocupado a los círculos de grandes terratenientes, industriales y a las multinacionales. Se barajó la posibilidad de impedir que el Presidente electo asumiera su cargo y para ello se sondearon las voluntades del ejército. En ese entonces, el General en Jefe René Schneider manifestó que se atendría a derecho y respetaría la voluntad del congreso, lo cual le costaría la vida cuando se defendió de un intento de secuestro destinado a desestabilizar al país y generar la anarquía. Allende diría sobre este hecho "esas balas eran para mi".
Una vez instalado en La Moneda Allende pondría en marcha una serie de medidas correspondientes a su plan de "socialismo a la chilena" que consistían en la nacionalización de empresas y minas, reforma agraria, aumento general de los salarios de los trabajadores y congelamiento de precios para evitar la inflación especulativa. Si bien al principio el plan arrojó saldos positivos, la situación económica se empezó a deteriorar al comenzar el segundo año de su mandato. Al mismo tiempo, la tensión social crecía, los bandos se ensañaban en una lucha mediática a través de los diarios y se producían enfrentamientos en las calles. Las manifestaciones a favor o en contra eran cotidianas y los mártires de cada facción empezaban a aparecer.
A todo esto se suma el hecho de que Chile representaba un campo de batalla para la geopolítica bipolar de entonces, donde estaba en juego mucho mas que el destino de los habitantes de ese país. Para Estados Unidos era un muy mal ejemplo la existencia de un gobierno de izquierda enclavado en medio de un polvorín social como era América Latina. Para la Unión Soviética, una excelente posibilidad de hacerse de un socio exportador de cobre y, para Cuba, un aliado en medio de la soledad y el aislamiento.
Estados Unidos puso en marcha su plan para provocar la caída del gobierno. Financió la huelga de camioneros que provocó desabastecimiento mientras Henry Kissinger tildaba de "irresponsable" al pueblo Chileno por haber elegido a Allende y sus agentes atizaban los ánimos de empresarios, militares, políticos y religiosos para provocar la insurrección y el golpe. Como por arte de magia, el precio mundial del cobre, principal producto de exportación chileno, se derrumbó.
Finalmente, el día 11 de septiembre Augusto Pinochet, en quien el Presidente confiaba, se pone a la cabeza del golpe e intima a Allende a renunciar al cargo y le ofrece el exilio. Este rehúsa y se encierra en La Moneda junto con sus hijas y un reducido grupo de seguidores armado de fusil. Por unas horas logran resistir el ataque de todo el ejército, hasta que el bombardeo hace insostenible su posición. Dirige desde el palacio un último mensaje a la Nación a través de Radio Magallanes y decide la rendición. Con su fusil AK-47 se quita la vida.
La historia de la presidencia de Salvador Allende es la historia de la América imposible, que cuando creyó que podía cambiar de signo y hacer su propia historia se vió desnuda y a merced de las jaurías de intereses internacionales, de oligarcas terratenientes e industriales y presa de un juego macabro en el que dos gatos juegan con un ratón. La entereza y valor de este hombre es digna de ser recordada, como asi también, la intolerancia y el entreguismo de sus victimarios que se multiplicarán por todo el continente. Miles caerían después del triunfo pinochetista, miles se irían del país. El cobre multiplicaría su valor en pocos días.
En santiago hay una calle cuyo nombre es 11 de septiembre y, aunque haya sido nombrada para recordar un triunfo, hoy su significado debería de conmemorar a un hombre que dio la vida por aquello en que creía.

lunes, 1 de octubre de 2007 1 Comment

« Entradas antiguas Entradas más recientes »
Con la tecnología de Blogger.
Historiador.net Buzzear (AR) Planeta Historia | Noticias y blogs de Historia por RSS Blogalaxia