El adiós a Nestor Kirchner.

Puedo decir, como muchos, como todos, casi, que me sorprendió la noticia. Pero aun mas me sorprendió la respuesta de miles de ciudadanos que se volcaron a la calle a expresar su dolor por la pérdida de un político y el apoyo a su mujer, como mujer que ha perdido a su compañero, y como presidenta que ha perdido un apoyo importante. Durante horas, vimos por televisión el incesante desfile frente al féretro y frente a la estoica mujer que permanecía a su lado. Personas del pueblo, humildes, trabajadores, jubilados y, sobre todo, jóvenes que han encontrado que la política también existe, que la militancia no se acabó en los 70´ y que el "no te metas" impuesto por la retórica pedagógica del miedo ha pasado de moda.
Es innecesario enumerar los logros de la gestión de Nestor Kircher. Ya otros se han ocupado de esto. También es innecesario reparar en sus errores, hay quien se ocupa profesionalmente de esto. Intento reflexionar sobre el proceso histórico abierto en 2003 con la elección del ex gobernador de Santa Cruz.
La asunción presidencial de Nestor Kirchner el 25 de mayo de 2003 fue como una tregua, una revancha de la democracia frente a tanto dolor y tanta rabia después de atravesar la tormenta de diciembre de 2001. Desde aquí, sin partido, sin aliados, sin legisladores ni gobernadores ni intendentes adictos, sin sindicatos que lo apoyen ni bases que lo sustenten, el presidente fue gestando un gobierno distinto. La búsqueda de la verdad histórica y la reparación de los crímenes cometidos en el pasado se hicieron su norte. La integración latinoamericana también fue política de estado, dando un giro de ciento ochenta grados con respecto a las "relaciones carnales" de los 90 con Estados Unidos. 

Néstor Kirchner puso al estado por sobre la empresa. El Estado transformado en protector de sus ciudadanos, en guardián de los intereses de la mayoría, en redistribuidor de la riqueza del país, en tutor de los intereses de las minorías, en administrador de los bienes del estado, en proveedor de seguridad social y, sobre todo, en motor de los cambios. A su estilo debemos un bien enorme y pocas veces valorado: la restauración del debate político y la vuelta de la juventud a la política. No faltan los idiotas que, muertos de miedo, comparan a estos jóvenes que lloraron al desaparecido primer mandatario con las juventudes hitlerianas. No faltan los que ven un Apocalipsis en el resurgimiento del sindicalismo, ni los que ahora afilan las garras esperando dar el zarpazo sobre quien creen debilitado y abatido. No faltan los que quieren volver a convertir el congreso en el lobby de un hotel y que piden “bajar el nivel de confrontación” para retomar “la agenda de recuperación insitucional” (publicado en página/12 el 2/11/10).


El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner es la continuidad del proyecto de Néstor. Sus lineamientos se pueden distinguir claramente, como así también es notable la impronta de la presidenta, que ya está de nuevo al frente del gobierno, que no va a claudicar ni a mudar de principios.


Néstor Kirchner no lo hubiera permitido. El, que dijo que no iba a dejar sus ideas en la puerta de la Casa Rosada, él, que pidió perdón por los años y los crímenes de la dictadura, él, que domó las fieras y calmó tormentas, no lo hubiera permitido.


Nos tocarán tiempos difíciles, seguro, a quienes reconocemos este modelo mejor que otros que hemos visto andar y caer. Veremos mucha rapiña y oportunismo. Oiremos que exigen, que claman, que piden. De nosotros depende saber distinguir y saber elegir cuando llegue el momento. De nosotros depende hacer oídos sordos a las calumnias y a la depredación verbal, pública y mediática que vamos a ver.


Bueno es reconocerlo.


Ladran, Sancho…señal que cabalgamos.

martes, 2 de noviembre de 2010 1 Comment

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