Termópilas Americanas III. Las Guerras Calchaquíes.

Quien conozca los Valles Calchaquíes podrá formarse una imagen aproximada de las alturas, las distancias y las temperaturas de esta zona del noroeste argentino. Aquí las cordilleras corren de sur a norte paralelas las unas a las otras, ganando altura a medida que pierden humedad de este a oeste. Los montes y selvas de las laderas orientales van abriendo paso a los valles fértiles del centro que el riego convierte en un vergel. Al occidente, la puna va ganando espacio, poblada por manadas de guanacos, llamas y vicuñas. Las cumbres más altas sobrepasan los seis mil metros y son el reino exclusivo de los cóndores.
Aquí vivían las naciones Diaguitas, los más avanzados pobladores prehispánicos de lo que hoy es Argentina. Grandes alfareros, tejedores y agricultores, por influencia de los Incas, que integraron la región al Collasuyu, conocían el método de fundición del cobre y criaban llamas para carne y transporte.
A mediados del siglo XVI, los conquistadores españoles comenzaron a establecerse en la región, dando inicio a los repartimientos y encomiendas.
La primera guerra Calchaquí tuvo inicio en 1562 y a su cabeza se puso el cacique de Tolombón, Juan Calchaquí. Esta primera guerra fue un intento de evitar que los españoles conquistaran sus tierras. El ejército de Juan Calchaquí destruyó tres ciudades y obligó a los europeos a retirarse hasta Santiago del Estero, de donde habrían de volver.
La segunda de las guerras Calchaquíes comenzó en 1630 y tuvo al mando al cacique Chelemín. La rebelión se esparció por todo el Tucumán, región que hoy comparten las provincias argentinas de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja. Chelemín persiguió a los españoles y puso sitio a La Rioja, sacrificando en el camino todo lo español (fueran vidas o bines) que encontraba. Durante los trece años que duró la contienda, los americanos lograron destruir al menos dos ciudades españolas, pero con cada derrota que sufrían su poder se debilitaba cada vez más. Los guerreros que no caían luchando y eran tomados prisioneros eran pasados por las armas y aquellas poblaciones conquistadas por los europeos eran irremisiblemente arrasadas, sus cosechas destruídas, sus pobladores alejados de sus casas en varias direcciones y sus bienes saqueados. En 1643, Chelemín cayó prisionero y fue descuartizado en la ciudad catamarqueña de Londres. La guerra acabó.
La tercera guerra comenzó con la rebelión de un andaluz, Pedro de Bohórquez, en 1657 y, aunque este se rindió en el primer año de lucha, la contienda se prolongó hasta 1665. Los últimos guerreros Calchaquíes, los Quilmes, se refugiaron en un pucará casi inexpugnable, donde resistieron el asedio de las armas españolas hasta que la falta de alimentos los obligó a rendirse. Allí comenzó un derrotero de más de 1700 kilómetros a pie hasta una reducción al sur de la provincia de Buenosa Aires, donde hoy se encuentra la ciudad de Quilmes, a la que llegaron muy pocos de aquellos que habían dejado su tierra.
Los pueblos originarios del noroeste argentino volverían a pelear ahora la guerra de independencia y aunque esta vez la victoria sería suya, poco y nada habría de cambiar su situación. Hasta hoy.

jueves, 27 de agosto de 2009 Leave a comment

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